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Gestión activa, pasiva y alternativa

Junio de 2024

Las cotizaciones de los activos financieros son volátiles. Muy volátiles. Demasiado volátiles. La fluctuación de los precios de las acciones, pero también de los bonos, de las materias primas o de las divisas excede, en mucho, lo que cambian los fundamentales que soportan sus valoraciones. Ante esta elevada volatilidad caben, al menos, tres grandes estrategias en la gestión de carteras.

La primera es "no hacer nada" (gestión pasiva). Es decir, como si de un filósofo estoico se tratara, aceptar que las fluctuaciones son naturales y que poco podemos hacer frente a ellas. Solo confiar en lo que hasta ahora ha sucedido: a medio y largo plazo, el riesgo se remunera. Es decir, si estamos dispuestos a soportar las turbulencias, acabaremos por llegar a buen puerto.

La segunda alternativa es la contraria: actuar. Ante los cambios de la dirección del viento, ajustar las velas de nuestro barco para tratar de aprovecharlo al máximo y llegar antes o más lejos. Nos referimos a la gestión activa, que se caracteriza por modificar la composición de la cartera en función de los cambios en las cotizaciones, pero también de nuestra opinión. Si en la gestión pasiva no tenemos que hacer nada ante una caída o una subida de los índices bursátiles, en la activa puede ser que tengamos que actuar (atención: digo "puede ser" ya que ser gestor activo no implica, ni mucho menos, ser "hiperactivo"). Si el mercado de acciones corrige porque ha comenzado a descontar una recesión que nosotros no anticipamos, elevaremos la beta. Si el mercado de bonos ha comenzado a descontar alzas de tipos de interés por una magnitud superior a la que nosotros prevemos, elevaremos la duración. Si consideramos que, a pesar de las dudas en el entorno geoestratégico, el repunte de la volatilidad implícita es excesivo, optaremos por vega negativa. La intención de todos estos cambios es batir al gestor pasivo. El debate es claro e intenso: con unos mercados financieros tan volátiles y, por lo tanto, tan ineficientes, ¿es posible que la gestión activa bata a la pasiva? Atención a la paradoja: cuanto más volátil es el mercado, más oportunidades para hacer gestión activa, pero más difícil que supere a la pasiva.

La tercera aproximación es la gestión alterativa, cuya máxima sería "obtener rentabilidad positiva en cualquier contexto". Es decir, da igual si el mercado cae: se gana. Da igual si el mercado cae: se pierde. Elegante y, en principio, lógico objetivo para la gestión de carteras, pero me temo que altamente difícil de lograr, por no decir imposible. Porque, seamos sinceros: si fuera posible ganar siempre, ¿acaso no es lo que haríamos todos los gestores de carteras? Insisto: con tanta volatilidad como la que presentan los mercados financieros, pretender ganar siempre es, sencillamente imposible.

Entonces, ¿con qué nos quedamos? En mi opinión, con las tres de forma simultánea. Así, Es decir, si nuestra ponderación de referencia para la renta variable es, por ejemplo, del 50 por ciento, el peso efectivo podrá oscilar entre el 45 por ciento y el 55 por ciento. Margen, aunque limitado, por lo tanto, para la gestión activa. El 40 por ciento restante lo destinaremos a renta fija, con una duración neutral de 3,5 años. A partir de ahí, nuestro margen para la gestión activa nos llevará a aumentar o disminuir la duración dentro del rango 3 - 5 años (reitero: son solo ejemplos). ¿Y el 10 por ciento restante? Ese parte la podremos destinar a esas estrategias que intentarán ganar dinero siempre, es decir, gestión alternativa. Este porcentaje, así como los grados de libertad que nos demos en la gestión activa deben ser los que generen el exceso de rentabilidad o alfa frente al benchmark.

David Cano, socio de Afi y director general de Afi Inversiones Globales, SGIIC